Nunca dejes de soñar....
En esta nueva EPD hemos visto la película de Elsa y Fred, dos adultos mayores con perfiles personales muy diferentes, que por casualidad se encuentran un día. De este encuentro surge una nueva forma de afrontar la vejez y los cambios que se producen en ella.
La película se
desarrolla entre dos personajes principales, Alfredo, un hombre convencional,
serio y responsable. Al quedar viudo, desconcertado y angustiado por la
ausencia de su mujer, su hija lo anima a mudarse a un apartamento más pequeño.
Es entonces cuando conoce a Elsa, que es vecina suya. A partir de ese momento,
ella irrumpe en su vida como un torbellino dispuesta a demostrarle que el
tiempo que les queda es precioso y deben disfrutarlo como les plazca.
Al inicio de la película vemos a Fred como un hombre triste,
lleno de miedos con respecto a su salud, sin vitalidad y sin ilusiones, que
afronta el periodo de senectud como algo
gris y sin posibilidades de vivir de otra forma que no haya sido bajo los
cánones establecidos por la sociedad para esta edad. Su familia, ejerce
sobreprotección sobre él, tratándolo
como un niño, dependiente y sin voluntad propia.
Por otra parte vemos a Elsa que tiene 82 años, aunque no
admite su edad (siempre dice que tiene 76), es una mujer llena de vitalidad y
con una imaginación desbordante, intrépida, independiente y con ganas de vivir
aun siendo mayor. De la misma forma, parte de su familia trasmite excesiva
preocupación y necesidad de tenerla controlada en todo momento.
Finalmente ambos se enamoran e inician una historia de amor
que les lleva a disfrutar y afrontar su situación de una forma más positiva y
activa.
A medida que se va desarrollando la película vemos como los
papeles que ocupan tanto Fred como la familia van cambiando. Fred que por su
poco ánimo no salía de casa comienza a realizar actividades lúdicas con Elsa.
Aunque al principio chocan por la diferencia de caracteres, posteriormente se
entienden y se complementan bastante bien. La familia de Fred no entiende la
relación hasta el momento en el que él le explica claramente a su hija que
quiere seguir viviendo y reclama el respeto de su intimidad y de sus
decisiones.
Por otra parte Elsa sigue siendo el anzuelo que Fred
necesitaba, sigue haciendo su vida, acudiendo a exposiciones de pintura, a
reuniones familiares y propicia que Fred la siga y aunque el tiempo de Elsa es
escaso, porque está enferma, esto no se convierte en una amenaza para ella,
sino en un poderoso llamado a la vida; un llamado que hará que no pierda tiempo
y viva en un permanente presente. La familia de Elsa no está muy de acuerdo inicialmente por la
relación, finalmente la aceptan.
Observamos varios cambios en los personajes, pero el más
llamativo es el cambio radical en la actitud de Fred con respecto a su nueva etapa como adulto mayor.
Pasa afronta el desafío de mirar por la ventana de forma
triste, de tomar abundante medicación para mantener su salud, de no tomar nada
de alcohol ni comer demasiado, a salir a
cenar, a reunirse con Elsa, a exigir intimidad a la familia, a tomar una copita
de vez en cuando y a reír como nunca lo
hizo antes.
Elsa por su parte y aunque con una enfermedad grave, no
transmite negatividad ninguna, ofrece a Fred alternativas de diversión, cariño
y nuevas expectativas.
Las familias finalmente pasan de no aceptar de buen agrado a
ambos, a respetar las decisiones de los padres.
De alguna forma no viene a decir que Una vida nunca se
resuelve hasta que termina. Sin importar la edad, sin importar lo vivido,
siempre queda experimentar, conocer y sorprenderse, y eso es lo bonito del
correr de los años, cada cosa se vive diferente a
como se hubiese vivido en otro momento.
Parece que nunca es
tarde para vivir y para soñar, si eres capaz de darte cuenta de que estás vivo
y de que las ideas y los sueños no envejecen con los años.
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